¿Por qué es importante limpiar los filtros?
Los filtros de la campana capturan la grasa antes de que llegue al conducto de extracción. Si están sucios, el caudal de aire cae, la cocina se calienta más, los olores se quedan dentro y el riesgo de incendio aumenta. Un filtro saturado es la principal causa de que la grasa acabe en el conducto.
Frecuencia de limpieza recomendada
- Cocinas de alta intensidad (freidoras, parrillas, woks): semanal.
- Bares y restaurantes de servicio medio: quincenal.
- Cafeterías y cocinas ligeras: mensual.
- Obradores y uso ocasional: cada dos meses.
Esta frecuencia es orientativa. Si ves que el filtro brilla de grasa, gotea o el tiro de la campana ha bajado, adelanta la limpieza.
Métodos de limpieza seguros
Para filtros metálicos de lamas, el método más efectivo es el remojo: sumérgeles en agua caliente con desengrase neutro durante 10-15 minutos, cepilla con fibra suave y enjuaga. No uses cepillos de acero ni productos muy alcalinos que dañen el aluminio o el acero inoxidable.
Si tu campana tiene filtros de malla o de carbón, sigue las instrucciones del fabricante: algunos son desechables y otros solo admiten limpieza en seco.
Errores que aceleran la saturación
- No limpiar nunca el plenum: la grasa se acumula entre el filtro y el conducto.
- Forzar el filtro en el lavavajillas industrial: se deforma y deja huecos.
- Instalar filtros a medida incorrecta: la grasa pasa por los lados.
- Ignorar goteos o manchas en la campana: son señales de que el filtro ya no retiene.
¿Cuándo es mejor cambiar el filtro?
Si las lamas están deformadas, oxidadas o la malla rota, no basta con limpiar: hay que cambiar el filtro. Un filtro dañado deja pasar partículas de grasa que terminarán en el conducto, y ahí la limpieza ya no es tan sencilla.
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